lunes, 5 de abril de 2010

El internet, la telefonía celular y la lengua castellana

Este ensayo será, espero, el "Apéndice 2" de la

GUÍA ESENCIAL PARA LA REDACCIÓN EN LENGUA ESPAÑOLA

de próxima aparición en Editorial Planeta Mexicana


Sandro Cohen


El internet, la telefonía celular y la lengua castellana

RUGE UNA NUEVA batalla en las guerras culturales del siglo XXI. Tiene que ver con la manera como los jóvenes, quienes crecieron con el internet y la telefonía celular, eligen comunicarse por estas vías. Aquellos que aprendimos a escribir a lápiz, y luego con pluma, sobre hojas de papel pautadas, con ortografía impecable, tendemos a escandalizarnos al ver mensajes punto menos que indescifrables para nosotros. Aunque el encono de ambos lados es real, se trata de un falso conflicto que se debe a un malentendido.

El primer culpable en este malentendido es la tradición, que algunos llaman inercia. Hay personas que simplemente no quieren ver ni mucho menos vivir cambios sociales, y nuestra manera de comunicarnos por escrito es, sin duda, una cuestión social. Antes de los años 90 del siglo pasado, por ejemplo, resultaba absolutamente indispensable saber cómo armar una carta correctamente, haya sido formal, profesional, de negocios, amistad o amor. Sigue siendo importante en algunas esferas —sobre todo en el ámbito oficial, académico u otras áreas profesionales—, pero hoy en día la mayor parte de nuestra correspondencia, incluso cuando se trata de cuestiones comerciales o de negocios, se realiza por correo electrónico.

Hay quienes, desde luego, se niegan a incorporarse a la red, a usar el internet. Muchas personas ni siquiera son dueñas de una computadora ni piensan entrarle al juego. Tal vez no sean luditas[1] pero ven las nuevas tecnologías con suspicacia y suspiran por los buenos tiempos cuando ellos formaban parte de la vanguardia. La historia, sin embargo, los ha dejado atrás y ellos no han querido ponerse al corriente. Están en su derecho pero nuestras decisiones traen consecuencias. Hoy en día muchos trámites y servicios sólo se realizan y ofrecen, respectivamente, por internet.

Sin embargo, se comprende su frustración. Las nuevas tecnologías avanzan a una velocidad pasmosa, y cuanto más se desarrollan, más extrañas y amenazadoras pueden parecer. Tendemos a equiparar todos los males de la sociedad actual —que son muchos— con aquello que vio la luz durante el mismo periodo. Así, en la mente de los que niegan, ningunean o desprecian las nuevas tecnologías y las costumbres que han engendrado, puede haber una correlación entre estas nuevas tecnologías y lo que ellos ven como una espiral descendente en la calidad de vida en general, y de la suya en particular, aunque la establezcan de manera inconsciente.

Pero el que dos fenómenos coincidan en el tiempo no quiere decir que uno haya provocado el otro. Correlación no equivale a causalidad. Como todos los prejuicios a los cuales recurrimos cuando no tenemos tiempo ni ganas de pensar en términos lógicos, el prejuicio en contra de lo nuevo es fácil y cómodo, como otros que nos evitan la molestia de razonar: prejuicios en contra de personas de otra religión, raza, preferencia sexual, color, etnia, idioma…

Habíamos hablado de la tradición como el “primer culpable” de este malentendido. Pero no es la única. También tienen lo suyo todos aquellos que le dan la espalda a su historia, su tradición, y sólo viven en un presente perpetuo, un continuo. El peligro que engendra esta actitud radica en su falta de perspectiva, y sin perspectiva no puede haber pensamiento analítico, no puede haber crítica. Cuando se vive así, todo se nivela y adquiere el mismo valor porque no hay puntos de comparación. Da lo mismo una sonata de Mozart, por ejemplo, que una canción de rap o una mezcla digital. Es más: por el predominio del rap y las mezclas digitales en los medios electrónicos, la sonata de Mozart difícilmente podrá ser escuchada, simplemente porque no tiene cómo destacar en sitios donde la velocidad, el volumen y la inmediatez lo son casi todo. Para que pueda apreciarse la sonata se requiere tiempo, silencio de fondo y una cabeza despejada y dispuesta a escuchar sonidos y relaciones sonoras nuevas; por lo menos serían nuevas para aquellos acostumbrados a los altos decibeles y la repetición banal, mecánica y monótona de las percusiones que suelen regir la música popular sintetizada precisamente a partir de los nuevos medios digitales.

Pero aquí tenemos una clave importante para comprender esta batalla, que no es más que un falso conflicto, como sugerí antes. Del mismo modo en que los nuevos medios pueden emplearse para crear música desechable, que se olvida —felizmente— a las dos semanas de su introducción, también podemos recurrir a los nuevos medios digitales para crear sonidos y formas musicales de gran inventiva que jamás podrían haber sido posibles antes del surgimiento de las computadoras y todas las nuevas herramientas que han traído. Actualmente, un compositor joven sin mucho dinero y sin acceso a las altas esferas culturales de su país, puede escuchar cómo suena la pieza sinfónica que acaba de componer, como si hubiera contratado una orquesta sinfónica para tocarla, ¡o mejor! Para ello, sólo requiere una computadora personal y software especializado para sintetizar los sonidos de los instrumentos —de tipo tradicional o absolutamente novedosos— que ha incluido en su partitura. En los viejos tiempos, sólo podría haberla escuchado en su cabeza o en una reducción pianística. Las posibilidades son infinitas y para todos los medios: radio, cine, video, internet, happenings, performances y un etcétera tan largo como la imaginación y creatividad de uno.

Con lo anterior entendemos que las herramientas son un medio, no un fin en sí mismas. Lo que importa es el resultado. Aun a los más tradicionalistas, cuando escuchan música que los conmueve por alguna razón, no les importa si el compositor recurrió a la computadora o si empleó métodos puramente tradicionales. Pero eso sí: los medios digitales multiplican las posibilidades creativas exponencialmente. El secreto está en conocer, dominar y explotarlas con sabiduría.

Algo parecido sucede con los idiomas naturales y, en lo que nos concierne aquí de manera específica, la lengua castellana. Su cruce con los nuevos medios digitales no tiene por qué asustar a quienes nos criamos sin computadoras ni teléfonos celulares. No es necesario que nos escandalicemos cuando vemos cómo se escriben entre sí los jóvenes en sus chats y mensajes SMS.[2] Debemos entender, en primer lugar, que estas nuevas formas de comunicación no surgieron accidental o mefistofélicamente sino que son producto natural de los medios que las engendraron. Se trata de herramientas que privilegian la inmediatez en tiempo y espacio. Tienden a favorecerse aquellos mensajes que vayan y vengan velozmente y que ocupan poco espacio. Para que esta inmediatez funcione, entonces, se requiere un nuevo lenguaje que le dé cabida y salida. Tampoco es accidental que se haya dado en prácticamente todos los idiomas hablados por quienes usan computadoras y teléfonos celulares: inglés, francés, español, alemán, portugués, ruso, catalán, etcétera. Y no se trata de ciegas imitaciones del inglés. Cada idioma ha desarrollado sus propios códigos, aunque —ciertamente— hay préstamos entre sí, como suele suceder con los idiomas naturales.

Es aquí, sin embargo, donde se oculta el peligro de no comprender el fenómeno. Por un lado están los mayores que se horrorizan ante palabras como d2 (dedos), kmple (cumpleaños) o mpzo (empiezo), más todos los emoticones que se emplean para dar a entender que estamos bromeando, que estamos tristes, enojados, muertos de la risa… Pero por el otro lado están los que escriben con estas nuevas grafías de manera acrítica, que pierden de vista lo que en realidad sucede: están escribiendo taquigrafía.

La taquigrafía tiene una historia larga que empieza con los griegos antiguos. La palabra proviene del griego taxos (velocidad) y grafos (escritura). Se trata, entonces, de escritura rápida, exactamente lo que emplean los jóvenes en sus chats y mensajes telefónicos. Se emplea la taquigrafía, también llamada estenografía, en muchas salas judiciales y, hasta hace poco, se usaba en gran cantidad de empresas donde las secretarias (casi exclusivamente de sexo femenino) tomaban dictado utilizando alguno de los lenguajes taquigráficos principales, como el de Gregg, Pitman o Graham. Hay quienes aún dictan a sus secretarios pero cada vez más ejecutivos utilizan el correo electrónico y los servicios de mensajería (chats internos o comerciales como el Messenger) para girar instrucciones, o los emplean directamente para comunicarse dentro y fuera de sus oficinas.

Para comprender bien lo que sucede, debemos darnos cuenta de que la taquigrafía pretende captar el lenguaje oral. Cuando la escritura aún era un fenómeno relativamente nuevo, tal vez no había mucha diferencia entre los lenguajes oral y escrito. Pero a lo largo de los más de cinco milenios que tenemos de ensayar la escritura —sobre todo a partir del invento de Gutenberg—, hemos ido afinando el lenguaje escrito a tal grado que ya existe en otro nivel que el oral, con el cual teníamos, como especie, por lo menos 50 mil años de práctica, si no más. Desarrollamos, pues, el lenguaje escrito a partir de sus deficiencias frente al lenguaje oral, que emplea herramientas extralingüísticas para ser expresivo: gestos, ademanes, lenguaje corporal en general, contacto visual, tono de voz, velocidad, etcétera. También se goza de conocimientos que sólo la presencia física de una persona puede brindar, y que en un escrito pueden quedar velados o ambiguos: contexto socioeconómico del autor, edad y, en ciertos casos, sexo (hay nombres que pueden pertenecer por igual a hombres que a mujeres, puede ocultarse el sexo del que escribe, o se puede dar a entender que se trata del escrito de una mujer cuando en realidad pertenece a un hombre, entre otras posibilidades).

Este desarrollo del lenguaje escrito —que empezó su época de esplendor en tiempos de la Biblia y la poesía épica, y que aún continúa— nos ha llevado a una escritura que en muchos sentidos supera al lenguaje oral. Para decirlo de otro modo, hemos aprendido a manejar las palabras escritas de tal manera que sugieren y precisan mucho más de lo que podríamos hacer en una conversación común y corriente. Si bien en la oralidad está el origen de todas las artes y obras del pensamiento, la poesía, narrativa, ensayística y ciencias que hemos desarrollado a partir de la escritura han llevado nuestro conocimiento a niveles jamás sospechados por los creadores clásicos. No obstante, me cuido de afirmar que lo nuestro sea superior. Lo que sí puede afirmarse es esto: en la actualidad hay un abismo entre el lenguaje oral y el escrito. Poseen funciones y fines muy diferentes.

El lenguaje oral sirve para mucho. Es inmejorable para conversar, intimar con nuestros semejantes, intercambiar información inmediata de toda clase. El lenguaje escrito, por otro lado, es insustituible para desarrollar ideas, obras de arte literario y aun dramático (que es, paradójicamente, oral); para explicar el funcionamiento de sistemas complejos, sean mecánicos, matemáticos, cibernéticos o filosóficos. Además, el lenguaje escrito está pensado para durar, y puede durar milenios: trasmite, con toda precisión, el conocimiento de una generación a las que siguen.

Las palabras dichas en voz alta, como reza el adagio, se las lleva el viento, y las garabateadas taquigráficamente en el Messenger, Twitter o el SMS, se las lleva el viento cibernético. La batalla cultural a la cual aludimos al principio, entonces, tiene que ver con la confusión que existe entre estos dos lenguajes, confusión que brota precisamente cuando uno piensa que puede aplicar las nuevas técnicas escriturales de los chats y SMS en el lenguaje escrito formal, algo que sólo sucede espontáneamente entre los más jóvenes, los nativos digitales, quienes nacieron entre computadoras y teléfonos celulares. Por esto se trata, en esencia, de una batalla y un equívoco generacionales. Para decirlo pronto, el chat no es tanto un nuevo lenguaje como una nueva taquigrafía.

Por un lado, están los jóvenes que creen estar escribiendo —redactando— en sus chats cuando, en realidad, están conversando por escrito, taquigráficamente. Si el mensaje se comprende, no importa la grafía que se emplee para trasmitirlo. Mientras más rápido y comprensible sea, mejor. Si es rápido mas no comprensible, no sirve; si se comprende pero no cumple con la velocidad requerida, falla.

Por el otro lado están los tradicionalistas que prácticamente entran en convulsiones cuando ven cómo sus hijos escriben mensajes telefónicos y la manera en que se expresan en sus chats. Como suele suceder con las jergas y jerigonzas, los de fuera —en este caso los mayores— pueden sentirse amenazados al no comprender fácilmente esta escritura. Y los jóvenes, naturalmente, podrán reírse ante la ignorancia de sus padres, tíos y maestros.

Ambos grupos están en una equivocación. El segundo —el de los tradicionalistas— se siente reivindicado cuando los del primero —los chateros— llevan, inopinada y acríticamente, su taquigrafía al terreno de lo académico o a foros generales más abiertos. Los mayores, complacidos como si se tratara de una venganza, señalan los horrores ortográficos, sintácticos y gramaticales y lamentan la pobreza léxica y expresiva que aqueja a las nuevas generaciones. Y éstas se quejan de lo anticuado de sus progenitores, los rucos, los que no agarran la onda.

Ninguno de estos grupos culturales —ni los jóvenes ni los mayores— parece comprender que están hablando de dos lenguajes diferentes. Es preciso separarlos. Resulta difícil negar que la oralidad de los chats ha invadido el terreno de lo escrito. Éstos y los mensajes enviados por celular sólo pueden ser considerados escritura porque emplean grafías, pero en todo lo demás responden a los imperativos de la conversación. De nuevo: se trata de la oralidad taquigráfica. Y, en efecto, el oral es un lenguaje pobre frente al escrito cuando éste se maneja bien, con todas las herramientas que hemos desarrollado en los últimos cinco mil años, más o menos.

Ha sido así desde hace muchos siglos: lo oral, en general, no puede competir con la buena escritura en riqueza de vocabulario, formas sintácticas, complejidad de estructuras. Para que la oralidad sea competitiva en este sentido, hace falta que la practique un gran maestro. Pero el 99.99 por ciento de quienes conversamos, no somos grandes maestros sino personas comunes y corrientes que emplean el lenguaje oral para comunicar mensajes inmediatos. Por eso, quienes actualmente estudian en escuelas primarias, secundarias y preparatorias, necesitan tener muy claro que, por un lado, está la escritura, y que por el otro está la taquigrafía que emplean para conversar por internet o teléfono celular. Si en su mente y en la realidad exterior logran separar los dos fenómenos, no habrá problema. Pero si piensan que todo el mundo va a comprender su taquigrafía, están equivocados. No es la lingua franca de todos los hablantes. Y ninguna taquigrafía lo ha sido, precisamente por sus limitaciones.

Los mayores, por su parte, deben bajar su nivel de histerismo. ¿Qué tiene de malo que los jóvenes se entiendan mediante una taquigrafía incomprensible para los adultos? Los padres de familia pueden, incluso, aprenderla. No es nada del otro mundo, aunque a primera vista pueda parecernos agresiva, como cuando dos personas susurran entre sí en un idioma extranjero mientras nos ven y se ríen.

Lo que debe quedar claro, tanto para tirios como para troyanos, es que la escritura formal —la redacción y las artes literarias— es un fenómeno aparte, muy diferente de la oralidad de la cual participan los chats y los SMS. Nadie sabe si una o más manifestaciones de esta nueva taquigrafía llegarán a penetrar y quedarse en la lengua escrita. Es posible, y si así sucede, será seguramente algo positivo, gracias a su expresividad. Y si no ocurre, habrá sido porque a los hablantes, en general, les habrán parecido expresiones pobres frente a palabras, frases y oraciones de estructura más tradicional.

Los idiomas naturales evolucionan constantemente. El oral tiende a impulsar al escrito, pero éste fija y da brillo a la lengua en general, sea escrita u oral. No debemos reprimirnos en ningún sentido. Debemos ser espontáneos cuando conversamos, sea por taquigrafía o en persona. Pero no olvidemos que la escritura es un ejercicio de pensamiento, análisis y crítica. La usamos para relacionarnos con la inmensa complejidad que nos rodea, dentro de la cual existimos y coexistimos. Por esto, la escritura debe ser clara y precisa para la mayor cantidad posible de lectores. Esto requiere el dominio del léxico, la gramática, la sintaxis, la ortografía y la puntuación. Como decimos en México, no es enchílame otra. Pero tampoco es imposible.

Que cesen las hostilidades. Que cada quien hable como quiera, como pueda, como Dios le dé a entender. Y si uno habla bien, de manera clara y convincente, ¡tanto mejor! Pero si vamos a escribir, procuremos hacerlo de modo que todo el mundo —no únicamente nuestro entorno inmediato— pueda comprender nuestras ideas, nuestras emociones, todo aquello que somos y que deseamos trasmitir a nuestros semejantes de ahora y a los que nos leerán cuando ya no estemos físicamente para explicarnos.



[1]Seguidores del ludismo, un movimiento de principios del siglo XIX en Gran Bretaña, opuesto a la mecanización del trabajo. Por extensión se aplica a todo aquel que recela de las nuevas tecnologías y que sólo se siente cómodo con medios mecánicos tradicionales.

[2]Short Message Service: Servicio de Mensajes Cortos. Se llaman también “mensajes de texto”. Existe un nuevo verbo que se emplea como sinónimo de enviar mensajes breves por teléfono: textear.

jueves, 11 de marzo de 2010

AGENDA CIUDADANA / Topar con lo que no se quería y al revés, por Lorenzo Meyer


Entrada de referencia:

Departamentos de Sintaxis y Elipsis: El orden de las palabras sí altera el resultado


Lorenzo Meyer
(11-Mar-2010)

Burlas de la historia
Los procesos políticos son de los más inciertos; con gran regularidad lo blanco termina en negro y viceversa. Para los practicantes del juego del poder resulta que lo único sobre lo que realmente tienen control es lo que a primera vista parece lo menos tangible y más inseguro, los principios. Sin embargo, el grueso de los profesionales de la política se desentiende de la ética para marchar en pos de lo concreto: del "éxito". Maquiavelo es el teórico mayor de esta visión. Ahora bien, la historia nos muestra que en el campo de los resultados, la política del mero oportunismo tiene tantas posibilidades de triunfo como de fracaso.

Una y otra vez, naciones o imperios se han embarcado en grandes proyectos que, no obstante el esfuerzo invertido, terminan donde no deseaban. En la vida política como en la individual, la frustración es tan o más frecuente que el éxito. Ejemplos de lo incierto de las empresas políticas abundan. Francia y Napoleón se propusieron rediseñar Europa y el mundo a partir de los nobles principios de su revolución, pero Francia terminó derrotada, Napoleón prisionero de los ingleses y el mundo, al menos por un buen tiempo, giró en torno a Inglaterra y a su revolución industrial. El Reich alemán de los mil años soñado por Hitler no duró más que una docena, pero esa brevedad le costó al mundo millones de muertos y a Alemania y a Europa Occidental la pérdida de su centralidad mundial. Y qué decir de la gran utopía soviética que se propuso inaugurar la sociedad sin clases, justa y libre; al final, en vez de la desaparición del capitalismo lo que desapareció fueron la URSS y su modelo socialista, aunque no sin antes obligar a millones a pagar un costo humano escandaloso y terminar afianzando el capitalismo y el liderazgo de su adversario: Estados Unidos.

Nuestro siglo XIX
Pero no necesitamos irnos a otros lugares para descubrir las terribles ironías de la historia política, con la nuestra tenemos más que suficiente. La independencia no la hicieron los insurgentes que la iniciaron sino sus enemigos mortales, los criollos que les habían combatido en nombre del rey. Desde luego que el esfuerzo militar español por reconquistar México -la "expedición Barradas"- terminó por afianzar la separación mediante la expulsión de los españoles. La negativa de Fernando VII a reconocer la independencia mexicana impidió que Madrid firmara un tratado comercial con su antigua colonia en las condiciones preferenciales que México estaba dispuesto a aceptar y, en cambio, favoreció la firma del tratado México-Inglaterra, lo que alejó aún más a mexicanos y españoles.

Para conjurar la amenaza norteamericana en el norte, México autorizó el ingreso de colonos extranjeros que poblaran esas tierras pero con la idea de que éstos serían católicos, como los irlandeses. Sin embargo, los que ingresaron fueron anglosajones protestantes y esclavistas. El resultado fue primero la independencia de Texas, luego la guerra de 1847 y finalmente la pérdida de medio país a manos de los que se pretendía mantener lejos: los norteamericanos.

Otro ejemplo de terminar en el sitio equivocado fue el gran proyecto económico liberal. El esfuerzo por desamortizar los bienes de las corporaciones -la Iglesia Católica y las comunidades indígenas- no consiguió lo que pretendía: crear una amplia clase de pequeños o medianos propietarios para montar sobre ellos la modernidad y la democracia. En vez de eso, se desembocó en el afianzamiento de una minoría latifundista y en la dictadura oligárquica de Porfirio Díaz. Es más, los remanentes de los pueblos afectados en sus tierras comunales, como los zapatistas, fueron un factor en la posterior caída y destrucción del orden porfirista.

El siglo XX
La gran tragedia del empeño de Madero en 1910 no fue tanto su asesinato tras el cuartelazo de Victoriano Huerta, sino que al final su lema, "sufragio efectivo", sirvió de bandera a la "dictadura perfecta" del PRI. Y es que la Revolución desembocó no en la democracia buscada sino en la modernización de su opuesto: el viejo autoritarismo. Al no depender ya de un caudillo que envejecía sino de un partido de Estado que aceptó el principio de la "no reelección", el autoritarismo priista encontró, vía su renovación sexenal, el secreto de la eterna juventud.

En los 1930 el cardenismo dio todo su apoyo a los sindicatos -a la CTM- y organizó en la CNC a los campesinos a los que había dotado de la tierra y las armas para que la defendieran. Sin embargo, el postcardenismo bloqueó las rutas hacia la autonomía de esas organizaciones y les convirtió en apoyos de un sistema antagónico a los intereses de obreros y campesinos.

Bajo el liderazgo de Miguel Alemán se cimentó un proyecto para industrializar a México con base en un mercado interno protegido por tarifas y permisos de importación. La idea era que el país dejara de ser el eterno exportador de materias primas, creara una gran burguesía nacional y deviniera en una economía urbana, fuerte e independiente. Lo de urbana se cumplió en exceso pero no lo de independiente. La crisis de 1982 y el Tratado de Libre Comercio de 1993 hicieron a México más dependiente que en el pasado de Estados Unidos. El sistema financiero que una vez fue nacional terminó tan o más extranjero que durante el Porfiriato. Finalmente, el crecimiento económico del último cuarto de siglo se puede calificar de todo menos de fuerte: la "utopía industrial" de mediados del siglo pasado terminó en el desastre actual.

Y llevando el análisis al campo de lo estrictamente procedimental, las reformas electorales son otro ejemplo de resultados inesperados. Cuando el PRI estaba en control de todo, y bajo el principio de "lo que resiste apoya", sus líderes empezaron a abrir espacios para la oposición aunque sin darle poder real, pero una cadena de eventos no previstos condujo de la reforma de 1996 a las derrotas priistas de 1997 y del 2000. Lo que se ideó como un simple "cambiar para que todo siga igual" terminó por desembocar en lo que pareció ser el fin a 71 años de control priista de la Presidencia.

Como la historia no se detiene, lo que por un momento pareció que iba a instalar a México en una etapa superior de su desarrollo político ha terminado, de nuevo, en un gran fiasco. La conducción del cambio de régimen político quedó en manos de Vicente Fox y su grupo que, casi de inmediato, mostraron poseer tres características que dieron pie a la actual "democracia tonta" (Lujambio dixit) que tenemos: una impericia política extrema, una ausencia total de sentido de proyecto histórico y una clara disposición a seguir las prácticas corruptas de sus predecesores priistas (un botón de muestra de esto último se encuentra en el libro Camisas azules manos negras. El saqueo de Pemex desde Los Pinos [Grijalbo] de Ana Lilia Pérez). Hoy el "cambio" del 2000 corre el peligro de desembocar en el retorno del PRI a Los Pinos en 2012.

Un ejemplo de una política muy específica, que se puso en marcha con un objetivo y cuyo resultado ha sido muy distinto de lo esperado, es la llamada "guerra contra el narcotráfico" que Felipe Calderón declaró al inicio de su gobierno. El objetivo inicial era doble. Por un lado, recuperar zonas que ya estaban fuera del control del Estado. Por el otro, ganar con una política de fuerza que tanto gusta a la derecha, la legitimidad que no le había dado el tipo de elección del "haiga sido como haiga sido" en 2006. Sin embargo, tres años y pico y alrededor de 14 mil muertos después, la situación no sólo no ha mejorado en ninguno de los dos sentidos que se pretendían, sino que posiblemente haya empeorado.

Conclusión
Maquiavelo, el gran realista, lo expresó al final de su obra de manera poética pero clara: en materia de decisiones y acciones políticas se puede tener el mejor conocimiento posible de qué y cómo, pero el resultado final de las acciones emprendidas depende en buena medida de un factor sobre el que nadie tiene control: la fortuna.

Examinando de cerca cada uno de los eventos aquí mencionados, especialmente los que se refieren a nuestro país, es posible llegar a la conclusión de que si tanto líderes como naciones están a merced de la veleidosa fortuna, entonces cuando un empeño termina en fracaso, ese resultado puede atribuirse tanto a fallas en su concepción como a errores de implementación, traiciones, etcétera, pero, finalmente, también a la mala suerte. En tales circunstancias, y por paradójico que parezca, lo único que no depende de la fortuna es la moral. Y si se fracasa, al menos algo permanece: la congruencia entre el decir y el hacer, el honor.

Fuente: Reforma, Ciudad de México, 11 de marzo de 2010, “Opinión”, p. 9.

miércoles, 3 de marzo de 2010

"Loosey Goosey Saudi", de Maureen Dowd, en el NYTimes, 3 de marzo de 2010

March 3, 2010
La reproducción de este artículo se debe a una entrada en Facebook, no de los blogs.
OP-ED COLUMNIST

Loosey Goosey Saudi

RIYADH, Saudi Arabia

The Middle Eastern foreign minister was talking about enlightened “liberal” trends in his country, contrasting that with the benighted “extreme” conservative religious movement in a neighboring state.

But the wild thing was that the minister was Prince Saud al-Faisal of Saudi Arabia — an absolute Muslim monarchy ruling over one of the most religiously and socially intolerant places on earth — and the country he deemed too “religiously determined” and regressive was the democracy of Israel.

“We are breaking away from the shackles of the past,” the prince said, sitting in his sprawling, glinting ranch house with its stable of Arabian horses and one oversized white bunny. “We are moving in the direction of a liberal society. What is happening in Israel is the opposite; you are moving into a more religiously oriented culture and into a more religiously determined politics and to a very extreme sense of nationhood,” which was coming “to a boiling point.”

“The religious institutions in Israel are stymieing every effort at peace,” said the prince, wearing a black-and-gold robe and tinted glasses.

Israel is a secular society that some say is growing less secular with religious militants and the chief rabbinate that would like to impose a harsh and exclusive interpretation of Judaism upon the entire society. Ultra-Orthodox rabbis are fighting off the Jewish women who want to conduct their own prayer services at the Western Wall. (In Orthodox synagogues, some men still say a morning prayer thanking God for not making them women.)

The word progressive, of course, is highly relative when it comes to Saudi Arabia. (Wahhabism, anyone?) But after spending 10 days here, I can confirm that, at their own galactically glacial pace, they are chipping away at gender apartheid and cultural repression.

There’s still plenty of draconian pandemonium. Days before I arrived, the Commission for the Promotion of Virtue and Prevention of Vice cracked down with a Valentine’s Day massacre, banning red roses and teddy bears and raiding shops at any flash of crimson. Islamic scholars declared the holiday a sin because it promoted “immoral relations” between unmarried men and women.

Yet by the Saudis’ premodern standards, the 85-year-old King Abdullah, with a harem of wives, is a social revolutionary. The kingdom just announced a new law that will allow female lawyers to appear in court for the first time, if only for female clients on family cases. Last month, the king appointed the first woman to the council of ministers. Last year, he opened the first co-ed university. He has encouraged housing developments with architecture that allows families, and boys and girls within families, to communicate more freely.

Young Saudi women whom I interviewed said that the popular king has relaxed the grip of the bullying mutawa, the bearded religious police officers who patrol the streets ready to throw you in the clink at the first sign of fun or skin. Their low point came in 2002 when they notoriously stopped teenage girls without head scarves from fleeing a fire at a school in Mecca; 15 girls died. Two years ago, they arrested an American woman living here while she was sitting in a Starbucks with her male business partner, even though she was in a curtained booth in the “family” section designated for men and women.

“It is not allowed for any woman to travel alone and sit with a strange man and talk and laugh and drink coffee together like they are married,” the religious police said.

The attempts at more tolerance are belated baby steps to the outside world but in this veiled, curtained and obscured fortress, they are ’60s-style cataclysmic social changes. Last week, Sheik Abdul Rahman al-Barrak, a pugnacious cleric, shocked Saudis by issuing a fatwa against those who facilitate the mixing of men and women. Given that such a fatwa clearly would include the king, Prince Saud dismissed it.

“I think the trend for reform is set, and there is no looking back,” he told me. “Clerics who every now and then come with statements in the opposite direction are releasing frustration rather than believing that they can stop the trend and turn back the clock.”

I said that women I talked to were sanguine that they’d be allowed to drive in the next few years. “I hope so,” he murmured, suggesting I bring an international driver’s license on my next visit.

I asked if technology — Saudis love their cells, Berries and computers, and Bluetooth flirting is rampant in malls — would pry open the obsessively private kingdom.

“Privacy in the modern world is a relative term,” he replied. “How can you have privacy when you have the computer, Twitter and all the others? It is just part of the complications and difficulties of modern life.” (He and the king have never Twittered.) People now, he mused, sounding like a Saudi Garbo, just “have to worry about how to be alone.”


jueves, 6 de marzo de 2008

¿Quién quiere estudiar filosofía en la UNAM?












Jueves, 6 de marzo de 2008

Milenio.com

¿Qué perspectivas profesionales tiene un joven que estudie en la Facultad de Filosofía y Letras o en la de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM? ¿Podría ser contratado en empresas como Unilever, Nokia, Sony o Cemex? ¿Querría? ¿Está preparado para agregar valor económico o para generar empleos?

Durante la única conferencia que dicté en uno de los auditorios de la UNAM, años atrás, recuerdo que los estudiantes me escuchaban con cara de no entiendo nada, como si les estuviera hablando de otro planeta. Yo les hablaba de liderazgo empresarial, y les puse ejemplos de Bimbo o Sabritas. Yo he dado clases por años, y no tengo problema para comunicarme en un lenguaje claro con quien no domina la materia de negocios. El problema estaba del otro lado.

Los numerosos ejemplos de estudiantes de esas facultades, empezando por El Mosh y aderezado esta semana por Lucía Andrea Morett Álvarez —la estudiante mexicana herida en el campamento de las FARC en Ecuador—, deberían merecernos reflexiones serias sobre los programas académicos, las habilidades conceptuales y —en todo caso—, el adoctrinamiento de que son sujetos algunos jóvenes en esas aulas.

Ojo. El problema no está en la disciplina, pues hay exitosos egresados de licenciaturas afines que se emplean en agencias de investigación de mercados o que se insertan en procesos creativos en corporaciones que gustan de nutrirse de talento diverso, multiplicando las posibilidades que les brindan los egresados de las facultades de negocios o economía.

No. El problema está en la intención profesional con la que egresan varios jóvenes de esas facultades. Quieren romper el mundo, no construirlo. Uno, que está en el mundo de los negocios, se puede topar con un dentista transformado en publirrelacionsta teniendo éxito, prosperando, aunque no fue en lo que originalmente estudió. Pero no es común hallar un filósofo de la UNAM inserto en el mundo de los negocios. ¿Por qué será?

En Estados Unidos es numeroso el grupode filósofos o egresados de escuelas de arte que luego estudian un MBA. ¿Su propósito? Hacer negocios. Prosperar. Aquí, sin embargo, los exportamos a los campamentos guerrilleros latinoamericanos. ¿Por qué es ese su destino?

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lunes, 25 de febrero de 2008

Celebrating the Semicolon In a Most Unlikely Location

New York Times
February 18, 2008

It was nearly hidden on a New York City Transit public service placard exhorting subway riders not to leave their newspaper behind when they get off the train.

''Please put it in a trash can,'' riders are reminded. After which Neil Neches, an erudite writer in the transit agency's marketing and service information department, inserted a semicolon. The rest of the sentence reads, ''that's good news for everyone.''

Semicolon sightings in the city are unusual, period, much less in exhortations drafted by committees of civil servants. In literature and journalism, not to mention in advertising, the semicolon has been largely jettisoned as a pretentious anachronism.

Americans, in particular, prefer shorter sentences without, as style books advise, that distinct division between statements that are closely related but require a separation more prolonged than a conjunction and more emphatic than a comma.

''When Hemingway killed himself he put a period at the end of his life,'' Kurt Vonnegut once said. ''Old age is more like a semicolon.''

In terms of punctuation, semicolons signal something New Yorkers rarely do. Frank McCourt, the writer and former English teacher at Stuyvesant High School, describes the semicolon as the yellow traffic light of a ''New York sentence.'' In response, most New Yorkers accelerate; they don't pause to contemplate.

Semicolons are supposed to be introduced into the curriculum of the New York City public schools in the third grade. That is where Mr. Neches, the 55-year-old New York City Transit marketing manager, learned them, before graduating from Tilden High School and Brooklyn College, where he majored in English and later received a master's degree in creative writing.

But, whatever one's personal feelings about semicolons, some people don't use them because they never learned how.

In fact, when Mr. Neches was informed by a supervisor that a reporter was inquiring about who was responsible for the semicolon, he was concerned.

''I thought at first somebody was complaining,'' he said.

One of the school system's most notorious graduates, David Berkowitz, the Son of Sam serial killer who taunted police and the press with rambling handwritten notes, was, as the columnist Jimmy Breslin wrote, the only murderer he ever encountered who could wield a semicolon just as well as a revolver. (Mr. Berkowitz, by the way, is now serving an even longer sentence.)

But the rules of grammar are routinely violated on both sides of the law.

People have lost fortunes and even been put to death because of imprecise punctuation involving semicolons in legal papers. In 2004, a court in San Francisco rejected a conservative group's challenge to a statute allowing gay marriage because the operative phrases were separated incorrectly by a semicolon instead of by the proper conjunction.

Louis Menand, an English professor at Harvard and a staff writer at The New Yorker, pronounced the subway poster's use of the semicolon to be ''impeccable.''

Lynne Truss, author of ''Eats Shoots & Leaves: The Zero Tolerance Approach to Punctuation,'' called it a ''lovely example'' of proper punctuation.

Geoffrey Nunberg, a professor of linguistics at the University of California, Berkeley, praised the ''burgeoning of punctuational literacy in unlikely places.''

Allan M. Siegal, a longtime arbiter of New York Times style before retiring, opined, ''The semicolon is correct, though I'd have used a colon, which I think would be a bit more sophisticated in that sentence.''

The linguist Noam Chomsky sniffed, ''I suppose Bush would claim it's the effect of No Child Left Behind.''

New York City Transit's unintended agenda notwithstanding, e-mail messages and text-messaging may jeopardize the last vestiges of semicolons. They still live on, though, in emoticons, those graphic emblems of our grins, grimaces and other facial expressions.

The semicolon, befittingly, symbolizes a wink.


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viernes, 2 de noviembre de 2007

The Health Consequences of Involuntary Exposure to Tobacco Smoke: A Report of the Surgeon General, U.S. Department of Health and Human Services

6 Major Conclusions of the Surgeon General Report

Smoking is the single greatest avoidable cause of disease and death. In this report, The Health Consequences of Involuntary Exposure to Tobacco Smoke: A Report of the Surgeon General, the Surgeon General has concluded that:

  1. Many millions of Americans, both children and adults, are still exposed to secondhand smoke in their homes and workplaces despite substantial progress in tobacco control.
  2. Supporting Evidence

    • Levels of a chemical called cotinine, a biomarker of secondhand smoke exposure, fell by 70 percent from 1988-91 to 2001-02. In national surveys, however, 43 percent of U.S. nonsmokers still have detectable levels of cotinine.
    • Almost 60 percent of U.S. children aged 3-11 years�or almost 22 million children�are exposed to secondhand smoke.
    • Approximately 30 percent of indoor workers in the United States are not covered by smoke-free workplace policies.

  3. Secondhand smoke exposure causes disease and premature death in children and adults who do not smoke.
  4. Supporting Evidence

    • Secondhand smoke contains hundreds of chemicals known to be toxic or carcinogenic (cancer-causing), including formaldehyde, benzene, vinyl chloride, arsenic, ammonia, and hydrogen cyanide.
    • Secondhand smoke has been designated as a known human carcinogen (cancer-causing agent) by the U.S. Environmental Protection Agency, National Toxicology Program and the International Agency for Research on Cancer (IARC). The National Institute for Occupational Safety and Health has concluded that secondhand smoke is an occupational carcinogen.

  5. Children exposed to secondhand smoke are at an increased risk for sudden infant death syndrome (SIDS), acute respiratory infections, ear problems, and more severe asthma. Smoking by parents causes respiratory symptoms and slows lung growth in their children.
  6. Supporting Evidence

    • Children who are exposed to secondhand smoke are inhaling many of the same cancer-causing substances and poisons as smokers. Because their bodies are developing, infants and young children are especially vulnerable to the poisons in secondhand smoke.
    • Both babies whose mothers smoke while pregnant and babies who are exposed to secondhand smoke after birth are more likely to die from sudden infant death syndrome (SIDS) than babies who are not exposed to cigarette smoke.
    • Babies whose mothers smoke while pregnant or who are exposed to secondhand smoke after birth have weaker lungs than unexposed babies, which increases the risk for many health problems.
    • Among infants and children, secondhand smoke cause bronchitis and pneumonia, and increases the risk of ear infections.
    • Secondhand smoke exposure can cause children who already have asthma to experience more frequent and severe attacks.

  7. Exposure of adults to secondhand smoke has immediate adverse effects on the cardiovascular system and causes coronary heart disease and lung cancer.
  8. Supporting Evidence

    • Concentrations of many cancer-causing and toxic chemicals are higher in secondhand smoke than in the smoke inhaled by smokers.
    • Breathing secondhand smoke for even a short time can have immediate adverse effects on the cardiovascular system and interferes with the normal functioning of the heart, blood, and vascular systems in ways that increase the risk of a heart attack.
    • Nonsmokers who are exposed to secondhand smoke at home or at work increase their risk of developing heart disease by 25 - 30 percent.
    • Nonsmokers who are exposed to secondhand smoke at home or at work increase their risk of developing lung cancer by 20 - 30 percent.

  9. The scientific evidence indicates that there is no risk-free level of exposure to secondhand smoke.
  10. Supporting Evidence

    • Short exposures to secondhand smoke can cause blood platelets to become stickier, damage the lining of blood vessels, decrease coronary flow velocity reserves, and reduce heart rate variability, potentially increasing the risk of a heart attack.
    • Secondhand smoke contains many chemicals that can quickly irritate and damage the lining of the airways. Even brief exposure can result in upper airway changes in healthy persons and can lead to more frequent and more asthma attacks in children who already have asthma.

  11. Eliminating smoking in indoor spaces fully protects nonsmokers from exposure to secondhand smoke. Separating smokers from nonsmokers, cleaning the air, and ventilating buildings cannot eliminate exposures of nonsmokers to secondhand smoke.
  12. Supporting Evidence

    • Conventional air cleaning systems can remove large particles, but not the smaller particles or the gases found in secondhand smoke.
    • Routine operation of a heating, ventilating, and air conditioning system can distribute secondhand smoke throughout a building.
    • The American Society of Heating, Refrigerating and Air-Conditioning Engineers (ASHRAE), the preeminent U.S. body on ventilation issues, has concluded that ventilation technology cannot be relied on to control health risks from secondhand smoke exposure.

The Health Consequences of Involuntary Exposure to Tobacco Smoke: A Report of the Surgeon General was prepared by the Office on Smoking and Health, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Centers for Disease Control and Prevention (CDC). The Report was written by 22 national experts who were selected as primary authors. The Report chapters were reviewed by 40 peer reviewers, and the entire Report was reviewed by 30 independent scientists and by lead scientists within the Centers for Disease Control and Prevention and the Department of Health and Human Services. Throughout the review process, the Report was revised to address reviewers� comments.

Citation
U.S. Department of Health and Human Services. The Health Consequences of Involuntary Exposure to Tobacco Smoke: A Report of the Surgeon General. U.S. Department of Health and Human Services, Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Office on Smoking and Health, 2006.

For more information, please refer to the Resources page. Additional highlight sheets are also available at www.cdc.gov/tobacco.

Last revised: January 4, 2007

Esto mismo puede consultarse en la página del United States Department of Health & Human Services.



Harvard Researchers Find Nicotine Content has Increased 11%

The discovery of an 11% increase in nicotine content confirms recent statements by the US District Court for the District of Columbia that manufacturers have the ability to manipulate addictive additives.

Boston, MA--A reanalysis of nicotine yield from major brand name cigarettes sold in Massachusetts from 1997 to 2005 has confirmed that manufacturers have steadily increased the levels of this agent in cigarettes. This independent analysis, based on data submitted to the Massachusetts Department of Public Health (MDPH) by the manufacturers, found that increases in smoke nicotine yield per cigarette averaged 1.6 percent each year, or about 11 percent over a seven-year period (1998-2005). Nicotine is the primary addictive agent in cigarettes.

The full report "Trends in Smoke Nicotine Yield and Relationship to Design Characteristics Among Popular U.S. Cigarette Brands" is available here: http://www.hsph.harvard.edu/nicotine/trends.pdf

In addition to confirming the magnitude of the increase, first reported in August, 2006 by MDPH, researchers from the Harvard School of Public Health (HSPH) extended the analysis to:

1) ascertain how manufacturers accomplished the increase -- not only by intensifying the concentration of nicotine in the tobacco but also by modifying several design features of cigarettes to increase the number of puffs per cigarette. The end result is a product that is potentially more addictive.

2) examine all market categories -- finding that smoke nicotine yields were increased in the cigarettes of each of the four major manufacturers and across all the major cigarette market categories (e.g. mentholated, non-mentholated, full-flavor, light, ultralight).

The analysis was performed by a research team from the Tobacco Control Research Program at HSPH led by program director Gregory Connolly, professor of the practice of public health, and Howard Koh, associate dean for public health practice at HSPH and a former commissioner of public health for the Commonwealth of Massachusetts (1997-2003). The other co-investigators were HSPH researchers Hillel R. Alpert and Geoffrey Ferris Wayne.

"Cigarettes are finely-tuned drug delivery devices, designed to perpetuate a tobacco pandemic," said former Commissioner Koh. "Yet precise information about these products remains shrouded in secrecy, hidden from the public. Policy actions today requiring the tobacco industry to disclose critical information about nicotine and product design could protect the next generation from the tragedy of addiction."

Said Connolly: "Our findings call into serious question whether the tobacco industry has changed at all in its pursuit of addicting smokers since signing the Master Settlement Agreement of 1998 with the State Attorneys General. Our analysis shows that the companies have been subtly increasing the drug nicotine year by year in their cigarettes, without any warning to consumers, since the settlement. Scrutiny by the Attorneys General is imperative. Proposed federal legislation has been filed by Senator Edward Kennedy (D-Ma.) that would address this abuse and bring the tobacco industry under the rules that regulate other manufacturers of drugs."

Beginning in 1997, Massachusetts regulations have required an annual report to be filed with the MDPH by all manufacturers of cigarettes sold in Massachusetts. The reported data include machine-based measures of nicotine yield as well as measures of cigarette design related to nicotine delivery.

The Tobacco Research Program at HSPH obtained from the MDPH a complete set of brand-specific data from 1997 to 2005 and analyzed trends in smoke nicotine yield.

The discovery of an 11 percent increase in nicotine content, said Connolly, confirms recent statements by the US District Court for the District of Columbia that manufacturers have the ability to manipulate addictive additives, and, he said, "it underscores the need for continued surveillance of nicotine delivery in products created by an unregulated industry."

In an opinion in US vs. Philip Morris USA et. al. Judge Gladys Kessler wrote that tobacco companies "can and do control the level of nicotine delivered in order to create and sustain addiction" and further, that the "goal to ensure that their products deliver sufficient nicotine to create and sustain addiction influences their selection and combination of design parameters."

Cigarette smoking causes an estimated 438,000 premature deaths (or about 1 of every 5 deaths) annually in the U.S., and approximately 900,000 persons become addicted to smoking each year.

In conclusion, according to the HSPH researchers, the extended analysis of MDPH data has demonstrated its potential to reveal undisclosed hazards to human health. They suggest that MDPH amend its unique reporting requirements to include more information about cigarette and smokeless tobacco product design features that affect nicotine delivery - as well as testing of a sample of brands for the actual delivery of nicotine to the body.

Work on the report was supported by funds from The American Legacy Foundation and the National Cancer Institute.

For more information contact: Robin Herman rherman@hsph.harvard.edu (617) 432-4752

Tomado de Clark County Tobacco Prevention and Cessation Coalition. Usted puede hallar el reporte original de la Harvard School of Public Health en esta liga:

http://www.hsph.harvard.edu/nicotine/trends.pdf